Los pañuelos dicen, significan y tienen miles de utilidades; son elementos necesarios e indispensables en nuestras vidas, ya sea para indicar que llevamos en un vehículo algún enfermo grave o accidentado; para los resfriados, secar las lágrimas de alegría o tristeza; para despedir o dar la bienvenida a un ser querido, limpiar los anteojos o apretar fuerte sobre una herida sangrante; para bailar una zamba tucumana; o usar en la cabeza uno blanco para reclamar por la desaparición de 30.000 hijos y nietos desaparecidos; o uno de color rosa por la diversidad de género; o uno verde por la ley del aborto; o uno multicolor por los derechos de los pueblos originarios. Y el peor, deberíamos usar uno negro en señal de luto por la brutal y silenciosa muerte de miles de niños inocentes nacidos, por nacer y adolescentes dominados por las drogas, mal alimentados y sin atención médica, con sus necesidades básicas insatisfechas en sus hogares por el criminal accionar de malas políticas sociales y sin rumbo económico que generan una caída en la natalidad y en el crecimiento poblacional del país y no por la lucha de activistas de determinado color de pañuelos. ¡Basta ya! Sáquense los pañuelos rojos de sangre que cubren sus ojos, vean el sufrimiento de Juan Pueblo y cambien el rumbo, antes de que sea demasiado tarde y tengamos que usar los pañuelos de cualquier color para secar nuestras lágrimas.

Francisco Amable Díaz  

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